La quinta edición del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos hará hincapié en la necesidad crítica de financiación para impulsar los esfuerzos encaminados a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, contribuir al logro de los objetivos climáticos y avanzar en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
El mundo produce suficientes alimentos para dar de comer a toda la población y, aun así, millones de personas padecen hambre y malnutrición. La pérdida y el desperdicio de alimentos agravan este problema al reducir la cantidad de alimentos disponibles para el consumo, contribuyendo así a la inseguridad alimentaria. Muchos de los alimentos más nutritivos, como los productos frescos, los productos de la pesca y los productos de origen animal son muy perecederos y sufren niveles elevados de pérdida.
La pérdida y el desperdicio de alimentos se traducen en pérdidas económicas sustanciales. Esto no solo afecta a los productores, sino también a los consumidores y a las naciones, por no hablar de los medios de vida y la estabilidad económica. Además, los desechos de alimentos en los vertederos representan entre un 8 % y un 10 % del total de emisiones de los sistemas agroalimentarios, repercutiendo en el cambio climático y en la sostenibilidad ambiental.
La reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos constituye una solución climática que los países y comunidades pueden utilizar para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Para poder llevarlo a cabo con éxito, será necesario aumentar significativamente la calidad y cantidad de la financiación climática accesible.